La portera venía agitando la mano con la que agarraba una naranja. La sacudía y la levantaba para que yo pudiera ver el cuerpo del delito. “Esta es la naranja que esos chorros tiraron en la vereda – dijo con su insoportable voz chillona- No les den más cosas para comer. Se las lanzaban unos a otros como si fueran pelotas. Y el pan que ustedes les dieron… se lo comieron las palomas”.
Los chorros tienen ocho años.
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